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Finanzas para la sociedad democrática

Autor: Darío Botero Pérez
Enviado por: Darío Botero Pérez
28-nov-2011

“... que el dinero sea emitido por el gobierno y no por los particulares, sin tasa de interés, y que se dejen del miedo que eso produce inflación, que como ya vimos, eso no es como siempre nos han hecho creer”. Mauricio Rivadeneira en Crash Mundial.

Estoy de acuerdo, siempre y cuando el Gobierno esté constituido por todos los ciudadanos que deseen intervenir en la definición de los asuntos públicos, en vez de sometido a los intereses particulares de “expertos” o de privilegiados, como ha sido lo tradicional en las sociedades jerárquicas. Semejante despojo del poder, en las “demoracias representativas” se pretende hacer pasar como la máxima expresión de democracia, cuando no es más que su deformación deliberada y cínica en beneficio de los enemigos comunes.

En una verdadera democracia, las decisiones de emitir dinero y distribuirlo equitativamente entre la población corresponden, por derecho propio e indelegable, a los pueblos soberanos. Su función es facilitar el funcionamiento de la economía de mercado, pero tiene que dejar de ser la de establecer diferencias sociales entre las personas, fundadas en la cantidad de dinero que posean.

La Sociedad Democrática Global ha de optar por las alternativas económicas más favorables para garantizar la vigencia plena de los Derechos Humanos y el uso más eficaz de los recursos.

De esta manera se alcanzarán las condiciones necesarias para que cada individuo desarrolle cabalmente su potencial creativo, disponiendo de todo lo necesario para lograrlo sin tener que gastar sus energías en la milicia o en la mina, al servicio de los codiciosos que todo lo destruyen para convertirlo en poder y riqueza personales.

Son absolutamente despreciables los paradigmas históricos; esto es, los principios violentos que han regido la brutal Historia, amante de guerreros, opresora de mansos y asesina de sabios. Indudablemente, llegó la hora de superarlos o perecer por nuestra torpeza, cobardía o credulidad; por mansos inclinados a ser mensos, en fin.

Afortunadamente, esa misma condición de “buena gente” que caracteriza a las mayorías en todas las naciones, es la garantía de que la próxima etapa antropológica será realmente civilizada, de modo que es indispensable que surja de movimientos pacifistas, conscientes y mutitudinarios, como los que han ido manifestándose y expresándose con claridad y contundencia a partir de la Primavera Árabe.

En esa “Nueva Era”, los sicópatas asesinos y genocidas, depredadores impenitentes de la Naturaleza y presuntos representantes de los dioses, no tendrán manera de subyugar ni de suplantar a los demás seres humanos, pues el gobierno será ejercido de manera virtual por quienes sientan el llamado de sus conciencias y la necesidad de intervenir en la definición de los asuntos públicos, sin limitaciones arbitrarias ni privilegios inadmisibles por infundados y abusivos (como los que disfrutan los potentados que se apropian de las riquezas y las funciones públicas porque el Neoliberalismo lo exige para agobiar a los pueblos y seguirlos explotando).

Para hacer efectivos los derechos de cada uno -acordados en el contrato social sólido y justo elaborado por todos mediante un debate de carácter mundial, replicado en cada rincón del planeta-, se crearán las instituciones públicas necesarias, dotadas adecuadamente y con el personal idóneo, sometido al control de los usuarios y, en general, de la comunidad.

Un modelo satisfactorio de sociedad es una de las muchas posibilidades que ofrece la realidad para organizar una comunidad humana gratificante para todos sus miembros. Pero los potentados, para conservar sus prerrogativas, han optado por los arquetipos más perniciosos para la Humanidad, la Vida y la Naturaleza, de modo que estamos en mora de remplazarlos por algo mejor, mucho mejor.

Los textos de Mauricio Rivadeneira aportan elementos teóricos -sensatos y claramente expresados, dignos de análisis y crítica- para alentar la búsqueda conjunta de esa sociedad que nos merecemos y que estamos resueltos a construir.

Invito a su lectura, teniendo presente que, como dice Mauricio: “Los mundos posibles entonces son tantos como queramos experimentar, van desde los más difíciles, y llenos de sufrimiento, hasta los más felices, y plenos de abundancia” (idem)

También es cierto, según afirma, que “La economía carece de método científico. Lejos aún de la verdad, debe ser cuestionada sin temores. porque si la sociedad actual se pierde, no es por designio de los dioses, sino por la propia mano del hombre, por la fragilidad de su pensamiento, por la rigidez de sus creencias” (énfasis agregado por DBP)

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